lunes, 15 de septiembre de 2008

Acordarse

Por la ventana la ciudad se volvía
niebla amarilla y opaca
que manchaba las cortinas.

Y la resaca llegaba desde el río
con el resto vencido del desagüe de las cloacas.

Hubiera bastado recordar mi nombre
para decírselo a un árbol al oído.

4 comentarios:

MAR dijo...

Me gusta me gusta... mañana agrego tu blog a mis favoritos..sigo leyendo

Adrian Orellano dijo...

este poema es fantastico.

El Verdugo en el Umbral dijo...

Estas palabras me recordaron un momento del Adam Buenosaires. Aquel en el que el héroe huele los desagües de al curtiembre y vomita. Todo minutos antes de encontrar a Jesús en el umbral de la pensión, invitarlo a pasar y morir liviano como cuatro tablitas frágiles.
La textura, lo literario te lleva a dónde el relieve quiere.
Salute

Pio dijo...

"Como una mesa sin una pata,
rengo
en mitad del aguacero de las noches
lejanas de mirarte.

Trabajosamente masticando
un pedazo de papel
que tiene tu nombre mil veces
escrito"

Ufff... tremendo, tremendo, tremendo.